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Comodoro: ¿Cómo funcionaba el levante en la comunidad gay antes de las apps?

  • 16 feb
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: hace 5 días


Sin Tinder ni Grindr, la comunidad gay local construyó su propio mapa de resistencia: desde las salas de chat hasta las esquinas estratégicas donde una mirada sostenida valía más que mil likes. Así era la mecánica del encuentro cuando la discreción era la única ley.





Hoy el rechazo es un simple bloqueo de pantalla; hace dos décadas, era un "no te conozco" en plena calle céntrica. En una ciudad marcada por el viento y el peso de la mirada ajena, la historia de la comunidad LGBT de Comodoro no siempre se escribió a la luz del día. Se tejió en el silencio de las esquinas de la calle San Martín, en las madrugadas de las viejas salas de chat y en códigos urbanos que hoy parecen de película de espías.




"Voy con jean y remera negra": La ruleta rusa de la cita a ciegas


"Encontrarse en la calle San Martín o en la Galería La Favorita era todo un ritual", cuenta un comodorense que vivió esa transición. Sin fotos digitales, sin selfies y sin ubicación en tiempo real, la cita era, literalmente, a ciegas. Y a veces, una comedia de enredos.


La falta de cámaras digitales obligaba a descripciones genéricas que a menudo fallaban. "Te decían: 'voy con un jean y una remera negra'. Y capaz que en un lapso de 10 minutos pasaban 15 personas vestidas igual por el centro", recuerda la fuente.


Ante la duda, imperaba la estrategia del francotirador: "Te espero en la esquina de la galería... y quizás uno se quedaba en la esquina opuesta esperando, viendo a la otra persona". Había que mirar de lejos, escanear y decidir en segundos si esa persona parada en la vereda era la del chat o un simple vecino. El miedo no era solo al rechazo físico, sino a la exposición pública: en un pueblo grande donde todos se conocen, ser detectado implicaba que te miraran "como un otro, como un alienígena".




Dime qué auto tenés y te diré quién sos (según el prejuicio)


Durante los 2000, Comodoro sostenía una imagen de virilidad tosca, muy ligada al perfil de ciudad trabajadora. "Hay gente que ve incompatible esa imagen de lo viril con lo que se esperaría de un homosexual", explica el entrevistado.


Esa presión social generó estereotipos absurdos pero vigentes en la época. Se catalogaba a la gente por sus bienes: "Mucho prejuicio de que tales profesiones son de homosexual o tales modelos de auto son de gay", detalla.


Sin embargo, la realidad subterránea desafiaba ese prejuicio. Hombres que no encajaban en el estereotipo del "afeminado" que mostraba la televisión, buscaban a sus pares en la clandestinidad. Esto consolidó la cultura de la "doble vida": vivir la sexualidad como algo que debía ser ocultado para sobrevivir socialmente.



El "Turismo de la Libertad"


La presión local era tal que muchos comodorenses encontraban alivio solo al cruzar los límites de la ciudad. Se volvió común hacer "escapadas o viajes a ciudades más grandes" como Buenos Aires, donde el anonimato permitía ser uno mismo.


La lógica era simple: "En otro lugar podemos ser todo aquello que en casa no podemos ser". Esos viajes funcionaban como una válvula de escape para "dar rienda suelta a esos impulsos contenidos" por el miedo al "qué dirán" de los vecinos, los compañeros de trabajo o la familia.




Del mIRC al Ghosting: La nueva frialdad


La tecnología llegó para romper el aislamiento, pero trajo nuevas reglas. De las viejas salas de chat de mIRC —donde el nombre de usuario (Nickname) era el único refugio y había que descifrar códigos para saber quién estaba del otro lado— pasamos a la era de la hiper-exposición.


Hoy, la pantalla permite "crear virtualmente un personaje". La aplicación da la ilusión de control absoluto: elegís qué mostrar, qué ocultar y a quién eliminar. Pero esa facilidad trajo una nueva crueldad: el ghosting. "Del día para el otro bloquearlo, borrarlo, retirarle el saludo... la tecnología nos permite esa frialdad". Antes, cortar un vínculo requiera poner la cara; hoy, basta con deslizar el dedo.



La soledad detrás del encuentro


Quizás lo más revelador de la noche comodorense actual no sea el sexo, sino la necesidad de conexión que esconde. Incluso hombres con familias constituidas y una "vida heterosexual" pública mantienen historias paralelas estables, a veces durante años.


Y en esos encuentros furtivos, muchas veces lo carnal pasa a segundo plano. "Muchas veces uno mismo termina hablando de cosas profundas y decís: '¿qué hago hablando de esto si vine a otra cosa?'", confiesa la fuente. Las charlas post-encuentro terminan siendo, paradójicamente, "más extensas y placenteras que el momento" sexual en sí.


Al final, detrás de la búsqueda de placer, Comodoro sigue siendo una ciudad de gente solitaria buscando conectar en medio del viento. Como cierra nuestro entrevistado con una frase que resume la época: "Muchas veces estamos solos y buscamos una persona con quien fingir esta intimidad... hacer una puesta en escena de una intimidad que no existe".







¿Querés conocer lo que pasa en Comodoro y nadie publica? Historias reales, secretos y el lado B de nuestra ciudad. Seguinos acá!



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