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Arqueología de una estafa: El misterio de la máquina que estuvo 56 años bajo el centro de Comodoro

  • 14 mar
  • 2 Min. de lectura

Comodoro Rivadavia es una ciudad construida sobre capas. Capas de salitre, de petróleo, de viento y, sobre todo, de historias que el tiempo decidió sepultar bajo el asfalto.


Material del Diario Crónica.
Material del Diario Crónica.

El 11 de noviembre de 1981, lo que parecía ser una jornada de excavación rutinaria en pleno casco céntrico se convirtió en un viaje psicodélico hacia la década del 20. Los obreros de la empresa constructora Kantec, que preparaban el terreno para un edificio de altos, no chocaron con una cañería vieja ni con un resto fósil: desenterraron una mentira de hierro.


La historia, rescatada de las páginas amarillentas del diario El Crónica, narra el hallazgo de un artefacto que hoy llamaríamos "steampunk", pero que en 1925 fue vendido como el futuro de la humanidad. Se trataba de una maquinaria de supuesto movimiento continuo.


Una representación de la máquina de movimiento continuo imaginada por la IA
Una representación de la máquina de movimiento continuo imaginada por la IA

El sueño del tano y la billetera del vecino


Todo empezó en el Comodoro de los años 20, un pueblo pequeño y polvoriento pero que crecía y atraía a gente de afuera al ritmo del oro negro. En ese contexto de progreso desenfrenado, desembarcó un ciudadano italiano con un discurso que hoy nos suena a estafa cripto, pero que en aquel entonces tenía el perfume de la revolución industrial: energía infinita, gratuita y para todos.


El "europeo", como lo citaba la prensa de la época, no era solo un inventor; era un seductor de billeteras. Logró convencer a un grupo de vecinos y comerciantes influyentes para que financiaran su prototipo. El argumento era infalible: quien controlara el movimiento perpetuo, controlaría el mundo. Los aportes no tardaron en llegar. Se compraron piezas, se fundieron engranajes y se montó el "corazón" de la máquina.


Sin embargo, las leyes de la termodinámica son más crueles que cualquier estafador. El invento fracasó rotundamente. Como era de esperarse y ante el inminente linchamiento o la cárcel, el inventor aplicó la vieja confiable: desapareció sin dejar rastro, llevándose consigo el excedente del dinero recaudado y dejando atrás un armatoste de hierro que nadie sabía bien qué era.




El regreso de la chatarra


Lo bizarro de la crónica es que la máquina no fue desguazada. Simplemente quedó ahí, fue tapada por el avance de la ciudad y el olvido colectivo. Tuvieron que pasar 56 años para que las palas de Kantec volvieran a sacarla a la luz en 1981.


El hallazgo fue descrito como "cómico". Imaginen la cara de los ingenieros de los 80 analizando una masa de engranajes oxidados que pretendía desafiar las leyes de la física. Lo que en 1925 fue una tragedia financiera para unos pocos, en 1981 regresó como una anécdota de color, un recordatorio de que en Comodoro, hasta las estafas tienen una segunda oportunidad.


Hoy, ese terreno del centro tiene cimientos modernos, pero el fantasma del italiano y su máquina de humo sigue ahí. Es una de esas crónicas que quedaron atrapadas en el papel viejo de El Crónica, esperando que alguien las digitalizara para recordarnos que, en esta ciudad, lo único que realmente tiene movimiento perpetuo es la picardía.



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